Tan sólo un cuento (Parte II)

Tuvo tanto miedo de romper aquel momento glorioso que no pudo pronunciar palabra alguna. Micaela, así se llamaba la chica de sus sueños, sonrió y dijo:

-Creo que te quedaste dormido, vamos, éste es el último paradero del bus.

Su dulce voz y las palabras tan amables que ella había pronunciado, contrastaban con su extravagante forma de vestir. Javer sólo atinó a ensayar una nerviosa sonrisa y decir:

-Mi nombre es Javier
-Yo, Micaela. Respondió la joven y bella mujer.

¿Era acaso la oportunidad que él había estado esperando? Había pasado tiempo desde la última vez que creyó estar enamorado. ¡El Amor! El sentimiento humano menos cercano a Javier, la desesperanza suele ser su mejor aliada. ¿Acaso todo podría ser diferente ahora? Los dos personajes, risueñamente estáticos, regresaron al mundo terrenal gracias a un carajaso del chofer. Era el momento de abandonar el bus. La noche en la ciudad se mostraba indiferente a la calma y llena de curiosidad.

Ya en la acera, Javier pensaba en una excusa creíble para seguir al lado de tan divina mujer.

-Bueno, has tenido suerte de que no te roben algo. No deberías haberte quedado dormido. Le recriminó Micaela con una extraña preocupación. La muchacha acomodó su cabello mirando hacia el reloj de la iglesia. Su calma fue interrumpida.

-¡Dios! ¡Ya es las dos y yo aquí! Tengo que irme.
-¿Irte? Pero yo...
-Lo siento, prometí no llegar tarde hoy.

El celular de Micaela empezó a sonar, tenía el tono de una vieja canción de Bon Jovi, grupo que Javier odiaba a muerte. La digna villana cruzó hacia la otra acera y tomó el primer taxi que pasó.

Él, moviendo ridículamente la mano, se sintió morir un poco. La desesperanza le había jugado una mala pasada. Otra vez será.