Recuerdo

Una rosa en la arena,
imbatible y perenne
cual lejana añoranza
del sosegado amor

Su dócil cobijo,
compartía el regocijo
y calmaba el quebranto
de mi atroz ser

Dichosa aquella estación,
en la vasta morada,
la cual parece ínfima
sin su solemne presencia

Hoy, beso tu esencia
en el coma efímero
de exiguo embeleso
y falsa satisfacción

Memento Mori

Recuerda que morirás,
tendida en el lecho materno
oirás al viento matutino
anunciar tu deceso

¿Recordarás las agrias
palabras que mencioné?
Todas mentiras, mi niña,
tan sólo un vil despertar

Vive el último día, amada,
sella el hechizo oscuro
en los labios del estúpido,
que siempre te idolatró

Chicharrón No More


¿El precio de tanto pecado está entre nosotros? Es lo que podría decir cualquier grupo fundamentalista religioso. Pero esa no es la explicación a tanto problema, al menos desde un punto racional y reflexivo.

La verdad es que estamos pagando los "platos rotos" del capitalismo. Se dice que el virus A/H1N1 pudo haberse originado por el gran número de cerdos y pollos criados en espacios muy reducidos. Es en esta clase de lugares donde evolucionan diferentes tipos de cepas de virus. Si a lo mencionado le agregamos la poca higiene de la mayoría de granjas o chiqueros y el contacto directo de sus trabajadores con los animales, tenemos una bomba de tiempo. La emergencia ya parece haberse dado y no hemos medido las consecuencias.

Es comprensible que siempre se busque ahorrar costos para ganar más dinero. Los empresarios siempre buscarán seguir esta especie de mandamiento del sistema imperial. Es aquí donde el sistema gubernamental debería entrar en control, imponiendo leyes para garantizar una saludable crianza de animales. La cual no sólo beneficiaría a los empresarios -garantizándoles una mejor reputación con sus consumidores- sino también a los trabajadores de sus granjas -ya que ellos son los primeros en contraer peligrosas enfermedades.

Es todo por hoy

Impromptu

Conoces del garbo, la frialdad,
el dolor de amar y
reponerte de la soledad,
ríes sin dejar de llorar

Agonía temporal es la vida,
insatisfacción continua
que nos hace luchar
por causas ya perdidas

No me sorprende tu ausencia,
ni el rojo mar que nació
de tus cansados brazos,
fuiste valiente a tu modo

Recuerdo el olor de tu sexo,
la ternura de tu voz
gimiendo en la oscuridad,
el único momento que extrañarás

Chau, Hugh


No son pocos los motivos para hacernos partícipes de la orgía posmoderna de la civilización. Ahora más que nunca somos tan parecidos a los romanos o los griegos, vivimos por y para el placer. ¿Será cierto que la historia es cíclica? No lo sabemos con exactitud. De lo que sí podemos dar cuenta es de el gran festín armado en los últimos años.

Podríamos situarnos en los finales de los 90, cuando hubo una gran recuperación económica. Los estudiosos de los fenómenos sociales saben que mientras haya prosperidad habrá una mayor búsqueda del placer. No sólo del sexual, claro está. Es así como en esta casi década la degradación y la perversión se ha tornado pan de cada día. No nos conformamos con sólo un pedazo de la torta, queremos comer todo lo que podamos, hasta sentirnos conformes. ¿Acaso llegamos al punto de vomitar tan sólo para seguir comiendo?

Las empresas dedicadas al placer tuvieron su apogeo y el mundo, al menos el occidental, vivía la prosperidad sin preocuparse de lo que pudiera pasar. Quizás, aletargados e insaciables, no nos dimos cuenta del gran desastre que se avecinaba. Nos ganó la crisis económica por walkover.

Y ahora vemos lo mal que lo pasa la revista Playboy y la trasnochada industria pornográfica en Estados Unidos. La gente ya no compra gadgets como antes y los televisores LCD se aburren de repetir Hulk HD en las estanterías de las tiendas. Hasta los últimos modelos de celulares se han convertido en putas de lujo, muchos las ven pero pocos las pueden pagar.

¿Es el final del hedonismo posmoderno? Quizás algo productivo salga de dejar el placer por la lógica.

Extraña Ternura

Vives sin etiquetas,
en un puñado de letras
que marcan el ritmo
de tus ligeros pasos

Enigmática nube gris,
cual sueño imposible,
te vuelves vacía
en mi mundo irreal

Te voy pensando,
pretendo conocerte,
ensayando una excusa
para poder acercarme

¿Podrías regalarle
una sublime mirada
a este mortal solitario,
dueño de tanto dolor?

Veni, Vidi, Vici

Belleza sin ataduras,
impura carne de amor,
lujuria en tu locura
placer en mi crucifixión

La pequeña muerte
querías conocer, dijiste,
tus rosadas aureolas
apuntaban al cielo azul

Entonces sonreíste,
virginal cortesana,
al verme envuelto
en el manto del extravío

Placer sempiterno,
amor efímero y nuestro,
el que se va con las olas
del frío atardecer

Y desapareciste, mujer,
dejando lo visceral,
por el deleite lozano
de un añejo querer